lunes, 22 de enero de 2018

El objetivo de la educación

¿Queremos tener una sociedad de individuos libres, creativos e independientes, capaces de apreciar los logros culturales del pasado, de aprovecharlos y de engrandecerlos? ¿Es eso lo que queremos? ¿O queremos personas que incrementen el PIB? Porque esas dos cosas no son necesariamente las mismas. 

Entrevista a Noam Chomsky en la que discute temas referidos a la educación y la enseñanza. La charla está dividida en cuatro partes de acuerdo a las temáticas que se abordan. 
1. El objetivo de la educación. 
2. El impacto de la tecnología en la educación. 
3. Costo o inversión (con cuál de los dos debe percibirse el proceso educativo. 
4. Evaluación vs. Autonomía (por qué es importante la autonomía, y qué papel debe jugar la evaluación en los procesos formativos). 

Créditos: La entrevista ha sido creada por LWF (Learning Without Frontiers), fue presentada el 25 de enero de 2012 en Londres. http://www.learningwithoutfrontiers.com Entrevista y dirección por Graham Brown-Martin. Filmación y dirección por Grant en wildtraxtv (http://on.fb.me/wildtraxtv). Traducción y subtítulos por Juan Pardo.


domingo, 21 de enero de 2018

Me basta así


Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).



sábado, 20 de enero de 2018

Trastorno por evitación (II).

Por Verónica García.

El trastorno de personalidad por evitación es un trastorno caracterizado por una “fobia social” crónica y generalizada que se experimenta en la gran mayoría de situaciones con otras personas, y mucho más si no se tiene la suficiente confianza con ellas. Además, como en cualquier otro trastorno de la personalidad, este problema tiene que surgir desde casi siempre, especialmente desde la juventud o el principio de la edad adulta.

Según el DSM-IV, los criterios para poder hablar de trastorno por evitación son:

Un patrón general de inhibición social, unos sentimientos de inferioridad y una hipersensibilidad a la evaluación negativa, que comienzan al principio de la edad adulta y se dan en diversos contextos, como lo indican cuatro (o más) de los siguientes ítems:
  1. Evita trabajos o actividades que impliquen un contacto interpersonal importante debido al miedo a las críticas, la desaprobación o el rechazo.
  2. Es reacio a implicarse con la gente si no está seguro de que va a agradar.
  3. Demuestra represión en las relaciones íntimas debido al miedo a ser avergonzado o ridiculizado.
  4. Está preocupado por la posibilidad de ser criticado o rechazado en las situaciones sociales.
  5. Está inhibido en las situaciones interpersonales nuevas a causa de sentimientos de inferioridad.
  6. Se ve a sí mismo socialmente inepto, personalmente poco interesante o inferior a los demás.
  7. Es extremadamente reacio a correr riesgos personales o a implicarse en nuevas actividades debido a que pueden ser comprometedoras.

Los miedos que aparecen en este problema son de tipo interpersonal, de manera que a la gente se la considera peligrosa, ofensiva. La persona está continuamente pendiente de uno mismo para detectar posibles fallos o meteduras de pata y se encuentra en una situación de alarma constante, temeroso cuando está en presencia de los otros y relajado cuando está solo, aunque esté triste por sentirse aislado. Esta sensación de alarma deriva en una ansiedad social que se nota por el comportamiento inhibido de estas personas, como si se intentaran esconder cuando están con otras o incluso en plena conversación.

Causas:

Los investigadores no saben cuál es la causa del trastorno de la personalidad por evitación. Sin embargo, hay muchas teorías sobre las posibles causas de este trastorno. La mayoría de los profesionales consideran que las causas son probablemente debidas a factores biológicos y genéticos, factores sociales (como la forma en que una persona interactúa en su desarrollo temprano con su familia y amigos y otros niños), y factores psicológicos (la personalidad y el temperamento del individuo, moldeados por el ambiente y las habilidades aprendidas para hacer frente al estrés). Esto sugiere que no es un único factor el responsable, sino que es la unión de los tres factores. Si una persona tiene este trastorno de la personalidad, las investigaciones sugieren que existe un riesgo ligeramente mayor de que este trastorno sea "transmitido" a sus hijos.

Síntomas:

Las personas que padecen este trastorno no mantienen la mirada, contestan con monosílabos, prefieren escuchar a hablar, se muestran incómodos. Son individuos que temen las interacciones porque consideran a los demás superiores y a ellos mismos como inferiores, como si no tuvieran suficiente valor o nivel como para tratar con el otro. Por esta sensación arraigada, piensan que los demás pueden notar su supuesta inferioridad o incluso burlarse u ofender de alguna manera.

Tienen un miedo atroz no sólo a la burla o a la ofensa, sino al rechazo. Su sentimiento de inferioridad se basa en que no gusta a los demás, por lo que todavía se pone más nervioso. Las reacciones lógicas de aislamiento de los demás (de ahí la denominación del trastorno) tranquilizan a corto plazo pero mantienen el problema, en tanto los otros comienzan a considerar al individuo como raro o extraño mientras éste se autoconvence de lo poco que vale. A veces, pueden dar la sensación de que "pasan" de los demás, cuando lo que ocurre simplemente es que están aterrorizados.

Estas personas tienen pocos amigos costándoles un mundo coger confianza con la gente. Sólo con muchas precauciones y comprobaciones estarán convencidos de que la otra persona no es hostil y que les acepta, pudiendo disminuir entonces su ansiedad, que no su sentimiento de inferioridad.


Tratamiento y terapia:

Se pueden emplear distintas modalidades psicoterapéuticas, tales como entrenamiento en habilidades sociales,​ terapia cognitiva, exposición gradual para aumentar gradualmente el contacto social y​ terapia de grupo para la práctica de habilidades sociales. Ha habido estudios aislados sin grupos de control que sugieren que puede ser "posiblemente eficaz" terapias tales como la cognitivo-conductual junto con desensibilización sistemática, ensayo conductual reforzado diferencialmente y modificación de la autoimagen, terapia racional-emotiva y terapia psicodinámica breve de apoyo y expresiva.

Una cuestión clave en el abordaje de estos pacientes es lograr establecer confianza hacia el terapeuta (rapport), ya que las personas con trastorno de personalidad por evitación pueden evitar las sesiones de tratamiento por desconfianza o miedo al rechazo. El objetivo principal es el entrenamiento en habilidades sociales, para empezar así a desafiar sus creencias disfuncionales sobre sí mismos y los demás.

No está demostrado que el entrenamiento en habilidades sociales y la exposición gradual modifiquen las conductas definitorias del trastorno, pero sí mejoran el funcionamiento social. Algunos estudios ponen en duda las modificaciones obtenidas en las conductas sintomáticas propias del trastorno y su mantenimiento a largo plazo. Sus férreos esquemas afectivos, mentales y conductuales suponen que los patrones de evitación por lo general no cambien dramáticamente.

La psicoterapia se considera el tratamiento más efectivo para esta afección, ya que ayuda a las personas con este trastorno o ser menos sensibles al rechazo. Los antidepresivos se pueden utilizar como complemento.

Sin tratamiento, una persona con este trastorno puede llevar una vida de casi o total aislamiento. Estas personas pueden pasar a desarrollar un segundo trastorno psiquiátrico, así como hacer un abuso de las drogas, o un trastorno del estado de ánimo como la depresión.

Tratamiento farmacológico: Para los pacientes que presentan este trastorno con grandes niveles de ansiedad sin comportamientos impulsivos, es razonable empezar el tratamiento con ISRS. Si no hay respuesta, se debe cambiar a otro ISRS. Si hay una respuesta parcial puede añadirse una benzodiacepina de acción larga. Si esto también fracasa puede intentarse el alivio de los síntomas con fármacos betabloqueantes y antipsicóticos atípicos. Cuando los sujetos tienen historia de conducta impulsiva, autolesiva o de abuso de sustancias, se debe iniciar el tratamiento con ISRS, debiéndose evitar el uso de benzodiacepinas. Si esto fracasa, se puede considerar el uso de beta-bloqueantes o antipsicóticos atípicos.

viernes, 19 de enero de 2018

El Hombre actual.

Por Nera del Valle

¿Qué podemos decir del ser humano? 

La respuesta a esta pregunta no ha sido la misma a lo largo de la historia. En cada etapa de la existencia el hombre se le ha dado unas características que lo convertían en una cosa u otra: divino, mecánico, natural, instintivo, mentiroso... Pero, ¿por cuál decantarse? Esta respuesta sigue sin estar del todo clara, ya que el hombre no es algo exacto.

El hombre llega al mundo, y, con su vida, experiencias y también condicionado por el entorno, va construyéndose a sí mismo. Esto es, como dijo el filósofo francés Jean Paul Sartre, el hecho de que "la existencia precede a la esencia". El ser humano como Heidegger afirmaba 'está ahí', existe, y se proyecta hacia el futuro teniendo en cuenta lo vivido en el pasado. El futuro claramente es incierto, por tanto, la vida se presenta llena de inseguridades, pues esta proyección de planes puede verse truncada en cualquier momento por agentes externos contra los que no podemos luchar. ¿Cómo hace el humano entonces para afrontar esta inseguridad e incertidumbre? Hasta hace unos años, la mejor vía de escape para estas preocupaciones y frustraciones era la religión. esta, actuaba como un refugio para no cargar con el sufrimiento y las decisiones de la vida, puesto que Dios disponía y el mundo actuaba guiado por el y sus valores.

En la actualidad, en los países más desarrollados el peso de la religión en las vidas cotidianas ha disminuido,o incluso desaparecido para muchas personas. Nadie se siente perdido sin tener a dios en su vida. Cada persona se crea su proyecto, tienen sus valores y se marca un objetivo. Tomamos decisiones y buscamos sobresalir por encima de la mayoría, para así sentirnos triunfadores, personas que han alcanzado un éxito que los demás querrían tener y no han logrado. El individuo, ya desde una temprana edad, es educado para ello, se influencia su manera de ser de tal manera que, por ejemplo, respecto a la educación, si una nota no supera el límite marcado con 'aprobado', este se siente, o más bien, le hacen sentirse, un fracasado. Se ha dejado de lado el placer de aprender, de ampliar la visión, los conocimientos y se ha sustituido por una perpetua competencia que alimenta odios y rivalidades que de ninguna manera contribuyen a nuestra felicidad. Esta forma de entender la vida como una competencia lleva al pensamiento de que todo lo que hagamos tiene que ser para triunfar, para ser mejor que el de al lado. Por tanto, si algún obstáculo nos trunca el camino hacia estos 'éxitos', nos sumimos en un estado de nerviosismo, de angustia y desesperación, en lugar de afrontarlo e intentar sacar provecho de lo que nos depara la vida. Por ello, pocas personas, teniendo la oportunidad de ascender en la vida, incluso si necesitan perjudicar a otros para conseguirlo, la rechazarían. 

El capitalismo ha arrebatado a la población los valores humanos de respeto, de igualdad, de ayuda... El dinero se ha convertido en el centro de la vida de la mayoría de las personas, que agotan sus fuerzas por conseguir más y más, perjudicándose incluso a sí mismos; y el consumismo provoca 'necesidades', que aunque en realidad sean innecesarias, son otro motivo de angustia si no se satisfacen. Los objetos que adquirimos ya no tienen valor para nosotros por el objeto en sí, sino que adquieren más valor, cuanta más exclusividad y superioridad dan respecto a los demás. Esto es lo que Karl Marx sostenía: el modelo económico da lugar al modelo social. Son ahora las clases poderosas, en lugar de Dios, quienes imponen los valores.

¿No es esto entonces otra especie de 'dios'? La gente idealiza a personajes poderosos hasta el punto de sentirse mal si no son como ellos. Los imitan, adoran y consideran todo lo que estos hacen como algo bueno, sin importarles dejar de lado sus propias ideas y valores.

Por ello, es una necesidad vital que la sociedad se libere de esta alienación. Que cada persona cree de verdad su propio proyecto de vida sin dejarse guiar por la masa, las modas o corrientes insustanciales. A pesar de que los males estén presentes en nuestra vida, debemos concienciarnos de que siempre tendremos la posibilidad de elegir qué ser y como aprovechar nuestro tiempo en esta vida. La muerte es ineludible, y cuando llegue el momento, nada nos gustará más que haber vivido una vida con sentido y satisfacciones propias.

jueves, 18 de enero de 2018

¿Por qué me interesa tanto la política?

"¿Por qué me interesa tanto la política? Si pudiera responder de una forma muy sencilla, diría lo siguiente: ¿por qué no debería interesarme?  Es decir, qué ceguera, qué sordera, qué densidad de ideología debería cargar para evitar el interés por lo que probablemente sea el tema más crucial de nuestra existencia, esto es, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas dentro de las que funciona y el sistema de poder que define las maneras, lo permitido y lo prohibido de nuestra conducta. 

Después de todo, la esencia de nuestra vida consiste en el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos. De modo que no puedo responder a la pregunta acerca de por qué me interesa; sólo podría responder mediante la pregunta respecto de cómo podría no interesarme (...) No estar interesado por la política es lo que constituye un problema. 

De modo que, en lugar de preguntarme a mí, debería preguntarle a alguien que no esté interesado por la política y entonces su pregunta tendría un fundamento sólido, y usted tendría todo el derecho de gritar enfurecido: ¿Por qué no te interesa la política?" 


Michel Foucault; en Noam Chomsky y Michel Foucault. La naturaleza humana: justicia versus poder. Un debate. Buenos Aires, Katz, 2006, pp. 53-54

miércoles, 17 de enero de 2018

Propiedad y riqueza.

En sus orígenes, la propiedad significaba ni más ni menos que tener un sitio en alguna parte concreta del mundo y por lo tanto pertenecer al cuerpo político, es decir, ser el cabeza de una de las familias que juntas formaban la esfera pública. Este sitio del mundo privadamente poseído era tan exactamente idéntico a la familia que lo poseía que, la expulsión de un ciudadano no solo podía significar la confiscación de su hacienda sino también la destrucción real del propio edificio. La riqueza de un extranjero o de un esclavo no era bajo ninguna circunstancia sustituto de su propiedad y la pobreza no privaba al padre de familia de su sitio en el mundo ni de la ciudadanía resultante de ello. (...) Porque la enorme acumulación de riqueza, todavía en marcha, de la sociedad moderna que comenzó con la expropiación - la de las clases campesinas, que, a su vez, fue casi la accidental consecuencia de la expropiación de las propiedades eclesiásticas después de la Reforma-, jamás ha mostrado demasiada consideración por la propiedad privada, sino que la ha sacrificado siempre que ha entrado en contradicción con la acumulación de riqueza."

Hannah Arendt, La condición humana, Edt Paidós, pags 70-73.




martes, 16 de enero de 2018

Insignificantes.

Por Carla Suárez

El ser humano. Para unos, un ser casi divino creado a semejanza de un todopoderoso; para otros, una especie más cuya evolución resultó ser un éxito. Siempre parecemos sobresalir por encima de cualquier tipo de límite impuesto, siempre parecemos deslumbrar. Somos capaces de averiguar el por qué de las cosas, el cómo del cientos de sucesos, incluso qué somos y de qué estamos hechos. No cabe duda de que tenemos un conocimiento bastante extenso sobre ciertos factores; nos auto-situamos entonces en lo alto de la pirámide, en la cima de la montaña. Nos creemos todopoderosos en este pequeño rincón del universo llamado Tierra.

Pero, ¿qué somos en realidad?

Puede que en la Tierra seamos seres deslumbrantes, increíbles, exorbitantes; pero fuera, somos insignificantes. No somos ni tan siquiera una pequeña mota de polvo que flota entre cientos de miles de galaxias. Fuera, todo se escapa de nuestro control. Somos seres vulnerables a disposición de fuerzas mucho mayores que nuestro hambre de conocimiento.
Cientos de astros, de planetas. Kilómetros y kilómetros de silencio, de temores mucho mayores que los de nuestros propios demonios. Visto así, suena incluso cómico que nos situemos en lo alto de una montaña cuya cima se escapa de nuestro campo de visión.

Nuestra sed de conocimiento y poder nos empuja a abrir horizontes, a conocer, investigar, viajar. Y es que cuanto más conocemos, más insignificantes somos; pues nada tenemos que hacer frente al horizonte de sucesos de un agujero negro, ante un asteroide. Y no tenemos por qué salir fuera de nuestro planeta para ser conscientes de esto: nada tenemos que hacer frente a un nacimiento, frente a un huracán, un terremoto, o la mismísima muerte. Nada tenemos que hacer frente a las leyes naturales.

Por ello, el ser humano no es más que un organismo que ha logrado brillar entre otros seres insignificantes, gracias, una vez más, a una fuerza a la que no podemos hacer frente: la naturaleza.

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